Hace un par de años me tocó visitar la locación de un cliente en un lugar donde sólo hay instalaciones petroleras y una que otra casa acompañada de pinos, yo, no muy contenta pero consciente de que es mi trabajo tuve que ir con un compañero, durante el viaje éste se quejaba constantemente de cómo estaba partiéndose el lomo para la compañía y cómo era posible que el salario no fuese suficiente si en la competencia eran mucho mejores.
Yo que no lo conocía muy bien pero ya fastidiada de la lloradera no me pude quedar callada y le dije: “Chamo, con todo el respeto sólo puedes hacer dos cosas: quéjate pero mueve el rabo o no lo muevas pero no tienes derecho a quejarte”.
Esa frase caló tanto en él como en mí, y es algo que siempre repito a otros (y a mí misma) cuando escucho quejas a mi alrededor o saliendo de mi boca… es sencillo, hago algo para mejorar la situación que me moleste o sencillamente me quedo callada porque no he hecho nada al respecto.
En nuestro día a día siempre vamos a tropezar con personas de todo tipo, y el común denominador en función a los pensamientos es “conversar” de la situación del país, el dinero que no alcanza, la suegra que no me deja en paz, a fulanito que lo atracaron… bla bla bla… lo peor es que tenemos el santo tupé de justificarnos diciendo: “yo no me estoy quejando! sólo comento cómo está la situación porque es una realidad!! (Cualquiera que ésta realidad represente).
Si fuéramos menos quejones y más proactivos tendríamos un panorama diferente al recurrente en nuestros reclamos, si actuáramos más seríamos el motor que haga presión para cambiar nuestro propio escenario, pero creo que nuestros oídos y nuestra lengua son más fuertes que cualquier músculo del cuerpo o incluso que nuestra propia voluntad: porque es más fácil quejarnos que movernos a cambiar lo que nos esté molestando.
Le pagan poco? Busque otro trabajo u actividad paralela que le genere dinero; lo dejó su pareja? Recupérese, salga adelante y eventualmente consiga otra persona; está enfermo? Visite un médico y siga un tratamiento; en esta vida absolutamente todo es opcional, de ahí que el libre albedrio sea la maravilla del siglo y todos tenemos derecho a él, pero lo que no es válido, no es negociable y de paso sea dicho: de muy mal gusto, es que nos echemos de espaldas a pensar que alguien nos puede leer la mente y traer a nuestras manos lo que realmente queremos... es una pérdida de tiempo.
Pienso que es más práctico, menos molesto y más esperanzador estar en movimiento, la magia de sentirnos útiles nos inspira a hacer más y alcanzar lo que realmente deseamos, es tan recompensante que sólo te enfocas en mejorar, en cambiar lo que te esté molestando; adicionalmente nos da derecho a quejarnos cuantas veces nos de la gana!!! (porque sencillamente estamos haciendo algo… aunque para ser sincera quienes hacen algo están tan ocupados precisamente “haciéndolo” que no tienen tiempo para sentirse inconformes y quejarse).
Mi compañero como era de esperarse buscó alternativas de tal forma que obtuvo un mejor puesto en la compañía y por consiguiente un mejor salario… y para mí quedó su ejemplo aunado al aprendizaje de una frase que salió de mis propios labios producto del aburrimiento y sinceridad del momento, así que amigo y amiga mía, la próxima vez que vaya a quejarse de algo, piense en sus alternativas: puede hacerlo con todo derecho (mientras trabaja al respecto) o puede estancarse (pero en silencio, con el rabo entre las piernas) la decisión es suya.
He dicho!
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